06 Nov 2019 – Presentación del libro del Mayor Maestro de Banda Diego Gonzalo Cejas

Diego Gonzalo Cejas acaba de publicar un libro sobre los maestros de banda italianos que se desempeñaron en

Diego Gonzalo Cejas acaba de publicar un libro sobre los maestros de banda italianos que se desempeñaron en el Ejército argentino y que se presentó este miércoles en el Regimiento 1 de Patricios, en Palermo, donde se desempeña al frente de la banda «Tambor de Tacuarí».

Esta obra es fruto de una pasión que puedo testimoniar en lo personal al menos desde hace 22 años, cuando él estaba destinado en los comienzos de su carrera en la banda “Combate de Perdriel”, del regimiento Húsares de Pueyrredón. En esa oportunidad yo estaba trabajando sobre el prócer y su actuación en las invasiones británicas y surgió la idea de acompañarlo con un “casette” con los toques de ordenanza de Carlos III. Qué mejor que la banda de aquella unidad, y recuerdo que una gélida mañana de invierno, en un galpón con un precario sistema para evitar ruidos extraños, durante largas horas logramos una buena grabación con Diego. Él no estaba conforme, quedé en averiguar y César “Banana” Pueyrredon me envió a unos técnicos que dejaron impecable aquella grabación.

Esta es una prueba de la magnífica obsesión por su trabajo y por la historia de la música militar. No siempre los destinos son gratos y así lo visité en Bahía Blanca, alejado de una unidad histórica, pero seguía con ese interés cursando en la universidad local. Regresó años después a Buenos Aires y nada menos que al regimiento de Patricios, donde volvió a reencontrarse con esa tradición y su pasión por el pasado.

La figura de «Pipo» Giribone merece un particular recuerdo. Autor de la marcha “El Tala”, según referencias de Marcos de Estrada, tan cercano a Enrique Udaondo, era su preferida y la había convertido casi en la marcha oficial del Museo de Luján, que hoy lleva su nombre. Giribone se casó en nuestro país y los descendientes de aquel músico se adentraron en nuestra tierra y fueron propietarios de grandes extensiones en General Alvear y en General Belgrano, en las estancias San Juan y La Invernada, respectivamente. Murió heroicamente en la batalla de Tuyú-Cué, en febrero de 1868, y este recuerdo en el libro salva del olvido ese sesquicentenario como otros tantos olvidado.

Destaca en la obra la figura de don Inocente Cárcano, instalado en Córdoba, profesor en el Colegio de Monserrat, donde dejó larga fama, fue además el fundador de una familia señera en la historia de esa provincia. Don Ramón fue historiador, diplomático, legislador y gobernador de la provincia, lo que demuestra la inclusión de la masa inmigrante en la vida de la época, como se verá en otro caso. Nieto de don Inocente fue Miguel Ángel Cárcano, ministro de Agricultura y de Relaciones Exteriores, embajador, historiador miembro de las academias de Historia, de Letras, de Ciencias Económicas y de Agronomía y Veterinaria.

Recuerda el autor al capitán expedicionario al desierto Eduardo P. Lonardi, cuyo hijo Eduardo alcanzó el grado de general y fue presidente provisional entre setiembre y noviembre de 1955.

Son evocados en el trabajo Esteban Casalino y David Vinelli, Ángelo Spadina, Crisanto del Cioppo, Juan Ríspoli, Constantino Tocagni, José Maliandi, Pedro Maranessi, Vicente Mazzoco, Antonino Malvagni, José Arena, Domingo de Ruvo, Antonio Ambrosini y Carmelo Liporini, y es de notar las excelentes ilustraciones que acompañan la obra.

Finalizan estos retratos con uno cercano en el tiempo, el de Armando Nalli , que fue otro destacado director a quien muchos alguna vez escuchamos en su última actividad al frente de la Banda Sinfónica Municipal de la ciudad de Buenos Aires.

Esta serie de biografías sobre los italianos en las bandas militares argentinas es un digno homenaje a esos hombres que dieron brillo a los desfiles militares como los de la avenida del Libertador en los 9 de Julio, o las paradas del 25 de mayo por la histórica plaza y en actos patrióticos en miles de pueblos del interior; que acompañaron fiestas religiosas y, a través de la música, insuflaron el amor a la Patria en muchos que como ellos también habían dejado atrás su tierra.

Es un orgullo haber sido una mínima chispa de aquella fogata hace más de dos décadas alentando la vocación de Cejas, que al presente le ha merecido el reconocimiento de prestigiosas instituciones académicas del país. Este aporte, como lo señala Miguel Ángel De Marco, en el prólogo del libro “genera en el lector un sentimiento de admiración hacia aquel insuperable conjunto de músicos, que dejó una ancha estela por su calidad artística y su temple militar”.

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